Ya había vivido esto antes. La sensación de mirar luces pasar hacia arriba de mi cabeza, ver a todos correr y gritar cosas que yo no entendía por estar inmerso en esas luces que subían. ¿Nacía?
La volteé a ver, no tenía mucha gracia, era pálida y de labios secos. Me hablaba esperando una respuesta, repetía y repetía su pregunta desesperada. Yo no la entendía, esa luz ensordecía mis oídos. Entonces, ella levantó la cabeza y miró al sujeto de mi izquierda, yo no podía girar la cabeza a verlo, sólo lo sentía.
Parpadeé.
Abrí los ojos y ya casi no veía ni luces apenas oía un molesto ruido, como un agudo grillo cuya voz se alentaba más y más.
¿Se acercaba la noche?
Ya no veía nada, ese ruido se hacía más fuerte y más llano.
¡Despejen! oí que alguien entre el silencio gritaba, apenas se oía.
El sonido cambió de frecuencia.
Abrí los ojos, busqué con la mirada a aquella mujer que me preguntaba. Todos me miraban, yo seguía acostado. Las luces, ya quietas, no me dejaban distinguir nada, me miraban fijamente. Mi cabeza estaba a punto de explotar. Cerré los ojos. Suspiré. Después de mi suspiro, siguieron los suspiros de los que me rodeaban.
Anochecía. Yo anochecía.
Aquel molesto grillo lanzó su último suspiro, continuo y claro. Mi corazón se dormía, mi cabeza comenzaba a flotar. Cerré los ojos y los vi, a la mujer, a todos. Algunos lloraban, otros veían su reloj y escribían.
Aquellas luces se fueron apagando una a una hasta faltar la mía.
La apagué.
Nunca había vivido esto. La sensación de ver pasar infinidad de chispas por encima de mi cabeza formando una aureola de santidad. Pero no soy santo ni seré canonizado.
ResponderEliminarLas lucecitas iluminan mi rostro, y en el reflejo de mis ojos, éstos parecen contener fuegos artificiales que al explotar me provocan lágrimas de alegría. Y, mientras tanto, me fijo en ti, y veo que tú también tienes un foco de luz alrededor de tu cabello, antes oscuro, ahora de un dorado tenue. Pero no eres santa ni serás canonizada. Y tus ojos, tus ojos destellan con pequeños puntos de brillo que dibujan estrellas en la constelación de tus iris.
¿Qué nos pasa, pues, cuando esas luces extrañas prenden cuando estamos juntos y se apagan al despedirnos?
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